jueves, 10 de octubre de 2013

"De paso", de Adriana Márquez, en la revista Lucarna


De paso, de Adriana Márquez


Por Juan Lázaro Rearte.
Las postales son antiguos y encantadores registros de un recuerdo ajeno, intentos erráticos de transmitir, de compartir una vivencia “por aproximación” (la foto del sitio donde estuvimos, con su leyenda “recuerdo de ...”, ¿cuán fiel es respecto de la memoria auténtica? Y luego, cuando nos reencontramos con una postal enviada, ¿no sucede que nuestra memoria busca sustento en esas imágenes?). 

Esas interpretaciones o versiones más o menos aproximadas de un recuerdo llevaban y traían una breve noticia, unas pocas líneas con trazo rápido para participar a un ser querido de la lejanía, un acto consentido de la melancolía. Internet fue depredando con su totalizadora y uniforme dinámica estos trabajosos gestos hasta el punto de que el “estar ausente” se vuelva una utopía, o bien un eufemismo que refiere la temporaria inactividad frente a una pantalla. Una forma alternativa y siempre novedosa de expresión, de revelación y también de ocultamiento es, por fortuna, la literatura.

De paso, el libro de Adriana Márquez es una sorprendente serie de postales, cuya organización -ya sea en imágenes humanas, urbanas, íntimas, postales de viajes o bien en primeras y póstumas- sugiere un modo secreto e individual de concebir la anatomía y la fisiología de la realidad. La observación minuciosa e irónica descubre la animación de las cosas inertes y el espíritu en criaturas como casiperros, bomberos, peluqueros, padres desgastados y niños. Como con alivio concluye la narradora de Buenos Aires que hay quienes prefieren “no ser percibidos más que lo necesario”, otros, como en Vuelta a casa, simplemente desean volverse transparentes ante un autómata, pero lo cierto es que en estos estados de desrealización o de atenuación del ser, parece posible percibir y autoconcebirse en juego con las cosas y con los demás. 




En Buenos Aires, el breve relato de encuentros y desencuentros de dos chicas del interior de la provincia en plena urbe porteña, se presenta una armonización posible entre las representaciones y la ciudad, en cuya transición la cuadrícula urbana se ve sometida por el juego pautado de la imaginación, remedo de otro, de mayor compromiso, el de los roles infantiles, verdadero espacio de desconcierto e inversión: “Mi vecinita viene con Julio, Alfredo (el tortugo) y un carrito de muñecas, ´los chiches de mis nenes´. Esa transformación de muñecas en juguetes para animales devenidos niños me parece adorable. Sirvo galletitas a la señora Lucila y ella comenta lo que sus niños hicieron en el jardín” (Mascotas urbanas).Las neurosis urbanas se van atenuando y plegando en cuanto los personajes de los relatos van respirando y moviéndose acompasadamente, como si eso fuera posible por el lenguaje. Comúnmente son superconscientes de un brazo, de la memoria, del propio pelo o del paso-trote de una joven hermosa. Se ve y se dice por el lenguaje y hay lenguaje porque hay estímulos, especialmente en un mundo en el que personas y cosas están emparentadas por la necesidad: “permanecía en silencio, como un mueble obediente a su esencia” (Vuelta a casa); o por la indiferencia: “Me gustaba tomar el colectivo para Ciudad Universitaria y no conocer a nadie; volver luego con compañeros sentados en asientos próximos y no saludarnos: un ritual semireligioso de las masas, miradas perdidas y extraviadas en sí mismas lograban que disfrutara de no ser percibida” (Buenos Aires). 

La precisa y plástica prosa de Márquez tantea las fisuras de la realidad hasta descubrir, y sin que esto represente una amenaza, en el mundo siempre nuevo de la infancia preciosas imágenes del presente: ahí es posible la superación de cualquier malestar. 

Precisamente, la infancia es un estado, un acontecimiento continuo y para siempre perdido una vez que se toma conciencia del mundo y de sus abruptos precipicios (“Hasta los diez, doce años, la vida simplemente acontecía sin mi ayuda”, leemos en Se mueren de otra cosa), pero la imagen de la infancia (ya que no esa etapa) puede ser reanimada en un acto de sublimación: una peluquería adquiere una misteriosa y narcótica atmósfera, un espacio en el que los sentidos se encienden como con los juegos de finales imprevistos (La peluquería); o extrañas criaturas que pululan en la estación de trenes recogen rastros, residuos de humanidad para, como humanos, languidecer entre aulas y andenes, o, por el contrario, el tren se vuelve una opulenta bestia de hierro que lleva el cansado cuerpo de regreso a través de la noche (Lemos-Lacroze). 

Así también desde el plano del juego de los niños se revela una intimidante mirada sobre las absurdas convenciones de los adultos, como leemos, de nuevo, en Mascotas urbanas: “a veces Lucila se olvida de que es mi vecina-señora y me trata como si fuera una vecina-niña. Son momentos incómodos, la teatralización queda expuesta, cosa que detesta”.

Entre la maravilla y la sorpresa, en De paso predomina la idea de la transición como transformación de la conciencia, pero también como invalorable aprendizaje, el de una observación nueva, de las mismas cosas con los mismos medios pero como si el cuerpo ni los prejuicios pudieran condicionarla, como si fuera siempre un poco más adelante, lista para registrar y atesorar imágenes.



Publicado en: http://revistalucarna.blogspot.com.ar/2013/09/de-paso-de-adriana-marquez.html

viernes, 20 de septiembre de 2013

Reseña de la novela "Siempre de día", de Víctor Fernández Esteban



Siempre de día. Fernández Esteban, Víctor. Simurg editorial. 312 páginas

Por Juliano Ortiz


Cuando el pasado se torna inconsistente y la memoria atormenta como agujas rigurosas en la piel de lo que fue, aparece el tiempo como un acertijo imposible de descifrar. Esta certeza habita en el corazón de esta obra.
Fernández Esteban traza con maestría la reconstrucción de un pasado para ofrecerlo y elaborar uno distinto. Con un lenguaje en donde se puede advertir una mistura entre lo coloquial y lo académico, con una fuerte presencia de aspectos en donde el autor revela su conocimiento cultural, el libro se sitúa en una modernidad válida, una poética de permanente trasformación.  Es como si la nostalgia fuera el punto de partida para envolver el Olimpo de personas que nos muestran su espíritu de una forma accidental. El uso de enunciados colectivos permite el desenvolvimiento de la historia y nos arrojan la trama y sus protagonistas en pequeñas dosis hasta cerrar el círculo de manera perfecta. Siempre de día nos permite reflexionar sobre cuestiones que son esenciales en la vida de cada ser humano, mientras vamos caminando por sus capítulos en una profusión de imágenes y sensaciones que, por momentos, nos dan la tarea de releer el texto. 
Este estilo exuberante, de muchísimos datos y acotaciones, está surcado por un dinamismo en el que el espacio, geográfico y metafórico de la novela, determina una estrategia intertextual. La unión narrar-describir se constituye en la trama como un tejido totalmente realizado a propósito, para crear un acto perceptual en el que se representa la historia.
Estamos ante un escritor de un lenguaje propio de gran riqueza, que sobresale en tiempos de textos poco profundos y en los que la forma discursiva tiene escasa importancia. Su poética puede emparentarse a la del genial Juan José Saer, y con esto, estoy convencido, decimos todo.


En: Culturamas. La revista de información cultural en internet 
http://www.culturamas.es/blog/2013/09/20/siempre-de-dia/

lunes, 2 de septiembre de 2013

Reseña de "Ensayo clínico" de Gustavo Kusminsky en Suma Cultural


Ensayo clínico

por Juliano Oscar Ortiz - Viernes, 30 de Agosto de 2013
http://sumacultural.unir.net/2013082910055/ensayo-clinico

Kusminsky Gustavo
Simurg

La Literatura ha demostrado con creces y de diferente nivel narrativo los sucesos que ocurrieron en Argentina durante el período del llamado Proceso de Reorganización Nacional, pero en pocas ocasiones, se pudo leer esa historia contada por una persona alejada del entramado político, es decir, un personaje real o ficticio, que haya sido afectado por ese tiempo nefasto, pero que no tuviera participación activa ni comulgara con ninguno de los dos sectores enfrentados.
Es el caso de Marcos, el personaje principal de Ensayo Clínico, un hombre que sentado en la mesa de un bar, recuerda el secuestro que debió sufrir junto a su esposa, por parte de los aparatos de inteligencia del Estado. Mientras se deshace en su memoria, la historia se mezcla con la enfermedad de su hijo, otra apropiación en su vida, pero ésta, de orden natural y si se quiere, imposible de contrarrestar. La voz de Marcos es un grito desesperado en la tranquilidad de un bar,  no son gritos enfermos, trastornados, paridos con dolor, viscerales y maquinales a la vez, son sonidos desde el fondo mismo de las entrañas, gritos que rebosan autenticidad, voces elevadas y esforzadas que, a la manera de un susurro ensordecedor, van creciendo poco a poco hasta dejarnos a los demás sin palabras, sin gritos, estupefactos. Su evocación  es un golpe en el vacío que rebota hasta ensordecer hasta el más escéptico en cuanto a la creencia de lo que sucedió en esos años. El pasado y el presente conviven en un mundo en donde es muy difícil discernir sobre cuál es mundo es peor, el pasado con su carga violenta y de humillaciones, o el presente con su ausencia profunda y dolorosa. Marcos es un hijo de la desgracia y la ajenidad.  Como presa fácil de su falta de sueños, siente la extrañeza infame del que está sometido a la suerte o al destino sin posibilidad de tener las herramientas para torcer ese sino. La trama nunca se pervierte con mensajes de índole político, y esto es un logro significativo de la novela. Es verdad, que, de hacerlo, corrompería el carácter y el ideario del personaje, pero, bien sabemos que, los signos y símbolos políticos son casi una consecuencia en las novelas que recuerdan esa etapa. Es para destacar además, el uso lúdico que hace del lenguaje al evocar significancias que no son habituales, pero que han sido, en este caso, utilizadas de forma excepcional. Kusminsky nos transmite una historia apasionada y aguda, con la habilidad de un fascinador de la palabra, resulta un albur tratar de no quedar apegado a la memoria de Marcos. Al mismo tiempo, nos deja la certeza de quedar en la eterna ignorancia ¿Cómo explicar lo que ocurrió, si saber lo que ocurrió no va a ser suficiente?
Sin dudas estamos ante una de las mejores novelas argentinas del 2013, que remueve de forma original y perfecta el pasado que conmovió a la Argentina, situándonos en un presente que al protagonista lo deja en lo que se llama “la interminable ausencia”, ese espacio que nunca tendría que haber existido.

Juliano Oscar Ortiz
Valoración: 
Cuatro Estrellas

lunes, 19 de agosto de 2013

El realismo sucio de José Ardanaz (Juan Rapacioli, Agencia Télam)




19 AGO 17:00 HS
Logo Telam

por Juan Rapacioli
 

Relatos

El realismo sucio de José Ardanaz

En Gente terminada, el escritor José Ardanaz configura una serie de relatos contundentes, marcados por una tensión nerviosa entre lo trágico y lo absurdo de la vida cotidiana, donde los personajes deambulan presos de sus propias cavilaciones por una Buenos Aires sin salida.


"Toda mi obra tiene que ver con Buenos Aires -dice Ardanaz en diálogo con Télam-. Aunque escriba de Banfield o Córdoba, es siempre Buenos Aires; puedo estar en el sur, camuflado de pescador de truchas, y soy un porteño. Me siento así".

José Ardanaz (Buenos Aires, 1956) es escritor y periodista. Publicó las novelas El cerebro dormido (1993) y Cuando llegue el frío (2008) y los libros de relatos Nadie se pierde en Buenos Aires (2001) y Banfileños (2004).

El libro, publicado por Simurg, se inscribe en la tradición del realismo sucio estadounidense cultivado por escritores como John Fante, Charles Bukowski o Raymond Carver, ya que, como explica el autor, "me identifico con el drama, con las historias trágicas de clase media baja que nos pasan a todos nosotros".

Sin embargo, sostiene, "es curioso que miremos tanto a los estadounidenses, porque nosotros tenemos una gran tradición en ese tipo de realismo. Algunos cuentos de Borges y Bioy son bien urbanos, también los de Abelardo Castillo, Fogwill, Cortázar, y muchos otros".

"Me considero un aprendiz -afirma Ardanaz-, sobre todo del cuento, ahora quiero girar un poco hacia el terreno del horror, pero cuesta mucho, hay mucho que aprender. Estoy leyendo mucho, estudiando el cuento ruso; esto lo han dicho muchos, pero Chejov es el gran maestro, sus historias podrían ser actuales y fueron escritas alrededor de 1860".

- El relato que le da nombre al libro es la historia del ascenso y la caída de un hombre, pero también una mirada profunda sobre la profesión del periodismo...
- En ese cuento quise contar la historia de un perdedor, porque todos somos perdedores en algún punto, somos de carne y hueso, mortales. El tipo es un periodista que sufre cuando le va mal pero también cuando hace una buena nota. Es puro esfuerzo sin tiempo, dar siempre un nuevo examen. Quise contar la historia de alguien que se acostumbra a un tipo de vida y cuando pierde todo se da cuenta que está solo en la plaza escuchando el partido de River.

(Gabriel) García Márquez y (Rogelio) Pajarito García Lupo dijeron que el periodismo es la mejor profesión de la vida, y yo coincido con ellos. Pero el periodismo también es cuando te sacan una jefatura, una nota, cuando te maltratan, cuando te equivocás; el periodismo es llegar a una instancia de poder y que tu propia mujer te diga que no servís para nada; es la vida misma.

- Buenos Aires tiene una impronta muy fuerte en la mayoría de los relatos.
- Es la zona de la angustia, eso que decía Arlt; esta ciudad tiene una especie de surrealismo, entre trágico y disparatado, gente que actúa como en las películas del neorrealismo italiano.

La escritura, según Ardanaz, se trata, en el fondo, "de contar una historia que sea buena, que quede frente al olvido; somos contadores de historias, eso es todo, los géneros en un punto son una cosa técnica".

"Creo en el trabajo, en la disciplina; para ser un buen escritor tenés que dejar otras cosas de lado. Puede que alguien venga con un don, pero creo más en la constancia, en la pasión. Escribir es un trabajo de todos los días", afirma el autor.

Y apunta: "creo en esa frase de (Edgar Allan) Poe que decía que ninguna virtud literaria es más grande que la originalidad; la idea es buscar la propia cara, no es fácil ser fiel a sí mismo, a veces uno se desvaloriza, pero hay confiar más en lo que uno ha emprendido, aunque fracase. El tema es vivir como uno se lo plantea, lo demás no importa".


http://www.telam.com.ar/notas/201308/28258-el-realismo-sucio-de-jose-ardanaz.html

 

 

martes, 23 de julio de 2013

Presentación de la novela "Ensayo clínico" de Gustavo Kusminsky en Menéndez Libros



Presentación de la novela 

Ensayo clínico

de Gustavo Kusminsky


Jueves 1 de agosto, 18 hs.
Menéndez Libros, Paraguay 431, Bs. As.

Hablarán del libro Roberto Ferro y Marcelo Damiani


En un día de lluvia torrencial, con una ciudad  inundada, Marcos, músico y  director coral, recuerda la historia de Cecilia, su esposa desaparecida durante la dictadura militar y docente de Gramática en la Facultad de Filosofía y Letras.
Desde el escenario del bar San Bernardo de Villa Crespo, y con la avenida Corrientes convertida en un río  que aísla  al narrador, las historias se mezclan con cuestiones musicales,  imágenes del exilio, y el lugar algo siniestro de los médicos en la sociedad actual. El continuo retorno al pasado se fusiona con un presente en el que Alejo,  hijo del protagonista, se encuentra afectado de un extraño mal y necesita  un ensayo clínico para  curarse.
De un modo fragmentado, como el murmullo de un pensamiento, se arma una historia que no pretende juicio alguno sobre hechos que no se ajustarán al estereotipo esperado y configurarán un final sorprendente.